Reseña Histórica

El 1º de septiembre de 1932, siendo Presidente de la República el General Luis M. Sánchez Cerro y Ministro de Guerra, el Coronel Antonio Beingolea, se promulgó el DS creando el Cuerpo de Administración Militar, dando partida de nacimiento al hoy denominado Servicio de Intendencia del Ejército y satisfaciendo así una necesidad vital dentro de la estructura logística de nuestra Institución.

La tarea esclarecida que en tiempo de paz o de guerra, cumple en toda sociedad civilizada el Soldado, requiere necesariamente el indispensable apoyo en materia de alimento, vestuario y equipo. Esta realidad es tan evidente que no requiere de mayor análisis para reconocerla.

El Servicio de Intendencia ha compartido siempre las victorias y las derrotas en las acciones de guerra de todas las épocas, porque no hay acción de combate que directa o indirectamente no este vinculada al Apoyo Logístico que presta. Sin embargo su tarea anónima, perseverante, laboriosa y previsora, no alcanza los fulgores que alumbran a los protagonistas de las batallas, teniendo si el reconocimiento frío y desapasionado de los grandes capitanes de la historia y cuya apología podría sintetizarse en la elocuente frase de NAPOLEON “El Ejército camina sobre sus estómagos”, o en la no menos significativa de ROMMEL antes de la decisiva batalla de “El Alamein”, quien dijo: “Esta es una condición estricta, toda la batalla depende del abastecimiento”. Asimismo, es conocida la expresión del Mariscal de Campo Inglés, Lord WAVELL durante la segunda guerra mundial, quién expresó: “He servido como Soldado durante más de 42 años y cuanto más he visto de la guerra, más cuenta me doy de cómo ella depende de los servicios, de aquello que nosotros llamamos Logística”.

En el campo estrictamente técnico nadie ha delineado mejor la figura del Intendente Militar en campaña como lo hizo Pedro Antonio DARU, el gran Intendente Napoleónico, al manifestar: “La responsabilidad más grave, la más instantánea pesa, después del Comandante, sobre el Administrador del Ejército. Los combatientes, aquellos hombres que por anticipado han entregado a la patria el sacrificio de su sangre y de sus vidas, no piden más que la satisfacción de sus necesidades físicas; pero la piden de un modo imperativo. Seguir con el pensamiento a esas multitudes en los complicados movimientos que les imprime el General en Jefe, calcular a cada momento su número, distribuir con precisión el abastecimiento de que se dispone, apreciar el que pueda recogerse de la comarca en que se opera, teniendo en cuenta distancias, estado de caminos y disponibilidad de transportes para que un día fijo reciban sus provisiones: He allí una ligera idea de los deberes que tiene que cumplir un Administrador Militar”.

El rol capital que cumple el Servicio de Intendencia se manifiesta a través de sus funciones de abastecimiento de víveres, forrajes, vestuario, equipo, material de campamento, combustibles, carburantes y lubricantes: funciones de mantenimiento, recuperación de material y explotación de recursos locales y actividades de servicio tales como: Entierros, registro de sepulturas, bazar y tesorería.

Al intentar trazar esquemáticamente la evolución del organismo del Ejército encargado de esta misión tan importante, el Servicio de Intendencia, es indispensable remontarse a los antecedentes que existen en nuestro Ejército y también en el de otros países de gran tradición militar.

Durante la época del Incanato, se alcanzo una elevada técnica en materia logística, especialmente en aspectos de responsabilidad de Intendencia. Los incas tenían organizado el servicio de “Tambos” operado por personal especializado. Eran verdaderos depósitos ubicados a lo largo de los caminos por donde se iban a desplazar las tropas permitiendo que el abastecimiento fuera eficiente y oportuno. El Ejército incaico contaba con los niveles de stock necesarios para las operaciones proyectadas y además tenían raciones de emergencia o reserva, para periódicos críticos.

Durante la conquista del Perú, los españoles emplearon esas mismas instalaciones logísticas de los Incas, para atender sus propias necesidades y facilitar sus operaciones.

Al crearse el Virreinato del Perú, los Reyes de España mediante ordenanzas modificaron la estructura de su Ejército en España e Indias y crearon el Servicio de Aprovisionamiento y Cajas Reales, cuya misión principal era el suministro de víveres, vestuario, enseres y pago de haberes a las Tropas.

Durante la guerra de la independencia surgió el llamado “Comisariato de Guerra”, que acompañaba a los ejércitos en operaciones para atender sus necesidades logísticas mediante la constatación previa de los Efectivos de Día.

Continuando con esta breve reseña histórica, se puede apreciar que el SINTE siempre estuvo presente en la estructura de nuestro Ejército, aunque con diferentes nombres; pero también siempre a cargo de Jefes de reconocido prestigio y cuidadosamente seleccionados.

Al organizarse en la provincia de Mendoza (Argentina) el Ejército Libertador, el General San Martín, organizó una zona administrativa en la provincia de Cuyo y la encomendó al General peruano LUZURIAGA, quién oficiaba de Intendente y realizó destacada labor en el Apoyo Logístico a las fuerzas expedicionarias, que culminaron con éxito la Campaña por la Libertad de Chile.

Para la campaña final que culminara en Ayacucho, el Libertador Bolívar, asumió personalmente la organización del sistema de abastecimiento del Ejército patriota secundado por el peruano Rivadeneira, dejando el entrenamiento de las Tropas a cargo de Gamarra, Castilla, La Mar y Miller, el llamado Servicio de Pascanas estaba protegido por los guerrilleros del General Francisco Vidal, quién años más tarde sería Presidente del Perú.

Durante la consolidación de la República, en 1854, el Mariscal Ramón Castilla nombró al llamado “Comisariato de Guerra”, nada menos que al entonces Tte Crl Francisco Bolognesi; hombre probo, experimentado y con dotes excepcionales de administrador. Bolognesi se hizo cargo de la contabilidad y suministros del Ejército y en 1858, después de la campaña contra el General Vivanco, en premio a sus méritos, fue ascendido a Coronel, grado con el que se inmortalizó más tarde en la Gloriosa Batalla de Arica, dejando el más grande ejemplo de honor a nuestra Institución y a nuestra patria.

Es necesario hacer notar que, cuando no se le dio la debida importancia al aspecto logístico o estuviera en manos de gente inexperta de nuestro Ejército, en las diversas épocas de nuestra vida republicana, las consecuencias han sido funestas.

Durante la infausta Guerra del Pacífico se hizo evidente el contraste existente entre los Servicios Logísticos de nuestro Ejército y los del invasor; desbalance notorio que influyó decisivamente en el desenlace final, desfavorable para nuestra patria, quedando una dolora lección que jamás debemos olvidar, pues los derechos de una nación no deben confiarse exclusivamente a las virtudes de los hombres que lo forman, si no que deben apoyarse en la potencia de las armas y en una cuidadosa preparación moral y material. Es indispensable dar al soldado que va a luchar, los medios que necesita para imponer su voluntad al adversario, a fin de que pueda recoger el beneficio de su esfuerzo y su valor.

Es necesario conocer nuestra historia para enmendar errores y así los aconsejan insignes historiadores como Basadre, Paz Soldán, Vargas Ugarte y Dellepiane en sus valiosos escritos.

En nuestros días, el SINTE, ha ido adquiriendo mayor eficacia, y una muestra de ello fue su intervención en el Conflicto con el Ecuador en 1941, donde su accionar oportuno y eficiente destacó en el apoyo a nuestras tropas del “Agrupamiento Norte” y la División de Selva, que finalmente nos llevó al triunfo en la Batalla de Zarumilla el 24 de Julio de 1941, y que nos permitió consolidar nuestros inalienables derechos territoriales, ratificados con la firma del Protocolo de Río de Janeiro del 29 de Enero de 1942. En la misma forma, un adecuado Apoyo Logístico permitió a nuestras tropas realizar las victoriosas acciones de la Cordillera del Cóndor en enero de 1981.