Patrono

CORONEL LEONCIO PRADO GUTIERREZ

El Crl Leoncio Prado Gutiérrez, nació en la ciudad de Huánuco, el 28 de agosto de 1853, sus padres Gral Mariano Ignacio Prado y María Avelina Gutiérrez.

Inicio sus estudios escolares en el colegio de Huánuco, durante dos (02) años, luego prosigue sus estudios en Piura y los culmina en el colegio de Nuestra Señora de Guadalupe en Lima. Desde muy temprana edad sintió una fuerte vocación por las armas, sentando plaza a los 12 años, como soldado distinguido en el regimiento “Lanceros de la Unión”, al ascender a cabo pasa a guarniciones navales bajo el mando del contralmirante Lisardo Montero.

Por su valeroso comportamiento en las acciones de armas en que toma parte, particularmente en la captura de la cañonera “Tumbes”, le confieren el grado de guardiamarina y es asignado a la fragata “Amazonas”, con la cual participa en el combate de Abtao y en el Combate del 2 de Mayo de 1866, actitud victoriosa que le permitió obtener el grado de Subteniente, siendo destacado a Iquitos.

En 1873, cuando tenía 20 años, viaja a los Estados Unidos para seguir estudios sobre materiales de defensa, particularmente de armamento, en el instituto Técnico Militar de Richmond. Al terminar sus estudios, su acendrado deseo de libertad y sentimiento de solidaridad por la respetabilidad continental, lo impulsan a participar por la independencia de Cuba y lucha al lado del heroico Ignacio Agramonte, demostrando, su fe inquebrantable, coraje y valor que lo llevan a planear y ejecutar la toma del buque de guerra español “Moctezuma” que posteriormente se convertiría en la primera nave de guerra cubana, con el nombre de “Céspedes”. Por este hecho, el gobierno cubano lo nombra hijo predilecto y le otorga el grado de coronel.

Su afán libertario, lo hacer pensar en viajar a las Filipinas donde iniciaban la lucha por su independencia, pero, el 05 de abril de 1879, al romperse la armonía sudamericana en el Pacifico sur, el gobierno del Perú le encarga la delicada tarea de adquirir armamento en Kington – EEUU; al termino de su misión retorna a Lima y se dirige a Arica para organizar y comandar el Cuerpo de Torpederos, unidad con la cual participa en los enfrentamientos de Pisagua, Germania, Agua Santa, San Francisco y Tarapacá.

Luego organiza el cuerpo de “guerrilleros de vanguardia”, que hostigó en forma constante y efectiva a las fuerzas del invasor, participando triunfalmente en la batalla del Alto de la Alianza el 26 de mayo de 1880. La eficacia de su acción, obligó al comando del ejército chileno a destacar al Coronel Orosindo Barbosa, para que los persiguiera hasta Tarata, donde es tomado prisionero el 21 de julio de 1880, y enviado al penal de “San Bernardo” al sur de Santiago de Chile donde permanece hasta enero de 1881 que es liberado con la promesa de no volver a tomar las armas en contra del invasor.

Al regresar al Perú, encuentra un ambiente desolador, la patria ocupada y sentencia: “cuando la patria esta subyugada, no hay palabras que valga sobre el deber de libertarla”. Se incorpora al ejército de la resistencia e inicia una vibrante campaña en calles y plazas predicando contra el invasor. Se establece en Sayán, donde forma la famosa “montonera de Sayán” con el que recorre Ancash, Huánuco, Chancay y Canta y dirige, personalmente, la reparación y transformación de las armas que los patriotas consiguen del enemigo, adiestra y equipa a sus hombres. Es así que decide unirse a las fuerzas del centro que dirigía el general Andrés A. Cáceres.

A mérito de sus acciones fue designado jefe del Estado Mayor de la 1ra División del ejército del norte, al mando del coronel Isaac Recavarren, tomando parte en la batalla de Huamachuco, que lo sitúa históricamente dentro de la Campaña de la Resistencia de la Breña.

La epopeya de Huamachuco es el escenario donde se consagra como un valeroso patriota que conduce a sus hombres hacia la gloria hasta que una bala le atraviesa la mano derecha. Sin embargo, sigue al frente de su tropa hasta que otra bala hace blanco en su pecho, sigue luchando, pero un nuevo disparo, esta vez, una bala de cañón cae y hace astillas su pierna izquierda y se ve obligado a salir del campo de batalla.

El Crl Gorostiaga lo hace prisionero. Sentenciado a ser fusilado, pide alcanzar dos gracias: morir con los honores militares correspondientes a su rango en la plaza pública del lugar y hablar con un compatriota, el carpintero Coluna Monzón, ambas le fueron negadas. Entonces, fue que escribe la histórica carta, cuyo mensaje perdura imperecedero en el tiempo:

“Huamachuco, 15 de julio de 1883;

Mi queridísimo padre:

Estoy herido, prisionero, hoy a las ocho y media debo de ser fusilado por el delito de haber defendido a mi patria. Lo saluda su hijo que no lo olvida, “Leoncio Prado”.

Al acercarse el momento de la ejecución, solicita que le disparasen cuatro tiradores en lugar de dos, pide una taza de café y que se le permita mandar el fuego, golpeando tres veces con la cucharilla para dirigir así su propia ejecución, pasando a la gloria a los 29 años de edad.

¿Por qué es tan importante la figura de este gran hombre?

Porque entregó su vida a la patria en la flor de su juventud, cuando gozaba de una buena situación económica y social y porque en su lecho de dolor al caer herido en Huamachuco, con la pierna astillada y una herida de bala en el pecho, enfrenta a la muerte en forma digna, sabiendo que su valeroso acto, de dirigir personalmente su fusilamiento, perduraría en el recuerdo de las futuras generaciones. Su paso a la inmortalidad más que una anécdota es un ejemplo de heroicidad y de entrega a la patria.

Por sus estudios realizados sobre los materiales para la defensa, particularmente los relacionados al armamento y por la dirección y ejecución personal de la reparación y transformación de armas, actividades ligadas íntimamente con el Servicio de Material de Guerra, el Comando del Ejército del Perú, según RM N° 157 DE/MINDEF del 07 febrero de 1996, designo al coronel Leoncio Prado Gutiérrez, patrono de tan importante servicio técnico de nuestra gloriosa institución.